"50 canciones para entender el siglo XX"
No es porque lo diga este fraile, pero el video de esta charla con el dúo Tirachinas mola bastante. Lo pasamos muy bien en la presentación del libro “50 canciones para entender el siglo XX”, obra jugosa, divertida y con criterio riguroso de mi amigo y compañero Ricardo Aguilera. El evento se celebró el viernes 28 de noviembre de 2025 en la Casa de la Cultura de Chamberí. Y como la vida es tan amable tengo que hacer una extraña precisión que afecta a las cosas locuelas del siglo XXI.
La versión que puse en la charla del celebérrimo tango “Cambalache”, escrito por el certero así pasen cien años Enrique Santos Discépolo, es la que aparece en el canal Carlos Gardel de Youtube y en la plataforma Spotify, donde indican que está tomada del disco “Essential Classics, Vol. 9: Carlos Gardel by Carlos Gardel”. Volviendo a escuchar esta versión en casa, en la cama y antes de dormirme después de la charla, me pareció que estaba mejor grabada de lo esperable para algo supuestamente realizado antes de 1935, fecha de la muerte de Gardel. La voz sonaba rara, pero como se decía que estaba remasterizada vaya usted a saber. Sepamos.
Me levanté de la cama y me puse a averiguar. Resulta que Gardel nunca grabó “Cambalache”. Busqué en Internet y encontré explicaciones varias. La más pintoresca -casi llego a creérmela del todo- asegura que es y no es a la vez Carlos Gardel quien canta. Según esta fuente tan creativa: esta versión de “Cambalache” ha sido realizada con IA tomando muestras de todas las épocas de la voz de Gardel y poniendo el trasto a inventar. Una chorrada como la copa de un pino, pero que a un conspiranoico con causa como yo me coló por un rato. Ahora es el momento de descolármela y citar como es debido a quién en verdad la canta: Agustín Irusta.
Agustín Irusta formó parte del trío Irusta, Fugazot y Demare. El trío, procedente de París y tras separarse de la exitosa orquesta de Francisco Cánaro, se instaló en Madrid y triunfó en España a mediados de los años 30, en el tiempo esperanzador de la República Española. Aquí hicieron las películas “Boliche” (dirigida por Francisco Elías, 1933) y “Aves sin rumbo” (Antonio Graciani, 1934). El golpe del criminal militar africanista Francisco Franco espantó a Irusta, Fugazot y Demare, que salieron pitando de España y se volvieron a los mejores aires de Argentina. Mi padre solía cantar y silbar tangos mientras se afeitaba. Recordaba a veces a Irusta, Fugazot y Demare por las películas y porque fueron figuras del madrileño teatro Maravillas, lugar en el que mi estupendo progenitor fue acomodador durante su juventud. Historias del siglo XX que me bailan dentro de la cabeza.
El mundo fue y será una porquería, ya lo sé
En el quinientos seis y en el dos mil también
Que siempre ha habido chorros
Maquiávelos y estafáos'
Contentos y amargaos, valores y dublé
Pero que el siglo veinte es un despliegue
De maldá' insolente ya no hay quien lo niegue
Vivimos revolcaos en un merengue
Y en el mismo lodo todos manoseaos.
Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor
Ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador
Todo es igual, nada es mejor
Lo mismo un burro que un gran profesor!
No hay aplazaos ni escalafón
Los inmorales nos han iguala'o
Si uno vive en la impostura
Y otro roba en su ambición
Da lo mismo que sea cura
Colchonero, rey de bastos
Caradura o polizón.
¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón!
¡Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón!
Mezclao' con Stavisky van Don Bosco y La Mignon
Don Chicho y Napoleón, Carnera y San Martín
Igual que en la vidriera irrespetuosa
De los cambalaches se ha mezclao' la vida
Y herida por un sable sin remache
Ve llorar la Biblia contra un calefón.
Siglo veinte, cambalache, problemático y febril
El que no llora no mama y el que no afana es un gil
Dale nomás, dale que va
Que allá en el horno nos vamo' a encontrar
No pienses más, sentate a un lao'
Que a nadie importa si naciste honrao'
Es lo mismo el que labura
Noche y día como un buey
Que el que vive de los otros
Que el que mata o el que cura
O está fuera de la ley.
Enrique Santos Discépolo, 1934.

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