“Al sur del tango”, baleados por las rosas de Martirio y su corso de astronautas
El sur del sur también existe, sobre todo si hablamos del territorio sentimental. El flamenco y la copla son el lugar geométrico de todos los puntos que comprenden una sensibilidad emocional vinculada a un territorio tan real como mítico: el sur. Y en ese campo de poéticas pulsiones resuena el fuelle del tango argentino como un compañero de viaje. Martirio ha cocinado a fuego lento las esquinas de un ámbito mitológico separado físicamente por el Atlántico y unido en lo más íntimo por las vidas creativas de unos músicos que si los vieras en la primera mitad del siglo XX compartiendo foto llegarías a la misma evidencia: esta gente del tango, el flamenco y la copla parece del mismo barrio. Por decirlo con las palabras de dos grandes poetas tangueros, Le Pera y Battistella, esa gente de las dos orillas tiene “el alma inquieta de un gorrión sentimental”. El alma inquieta, y alma en pena también. Una pieza instrumental saludó la apoteosis de Martirio entrando en el escenario del...