Anatomía de muchos instantes. Festival de Jazz de Madrid 2025 (1)


Jazz a cascoporro. Esta primera crónica va de lo escuchado y visto desde el miércoles 5, con Victor Wooten and The Wooten Brothers, hasta el viernes 13, con Makaya McCraven. El Festival de Jazz de Madrid tiene una programación muy estimulante con un par de buenos aliados suministrando “manteca”  y picando espuelas: el Festival de Jazz de Zaragoza y Villanos del Jazz. Mucha golosina nutritiva.

 

 Victor Wooten and The Wooten Brothers

 


 

Este relato que podría ser un diario, no lo es. Escribo sin orden cronológico. A capricho. Victor Wooten y sus hermanos abrieron con un funky-jazz muy resultón, pero de carne picada. La troupe Wooten hizo múltiples juegos malabares con el ritmo, admirándose unos a otros por turnos. Pasándose Victor el bajo eléctrico por detrás de la cabeza como Emilio el Moro o tirando el lazo como en el Far West. Cerraron haciendo “Sex Machine”, ese descomunal himno de James Brown que le viene grande a casi todo el mundo. 

 

Julian Lage

 

 

En este largo tramo inicial del Festival, el  primer gran  impacto  me lo calzó un tipo de California que venía cabalgando en solitario con una  guitarra acústica Martin. Se llama Julian Lage y juega en la Liga Grandes Esperanzas Blancas del Jazz O´Clock. Sus conciertos eléctricos y su discografía son fulminantes, pero con la guitarra acústica, ese hombre delgado, disfrutón y con barba de cuatro días  se convierte en maestro omnipotente de la experiencia zen. Julian Lage y el confort espiritual: guitarra acústica y bienestar físico y mental. Un santo.

 

El grueso del repertorio está sacado de “World´s Fair”, un álbum de 2015 con el que Julian Lage estrenó su imantado ascetismo acústico. En aquel momento, Julian explicó que Andrés Segovia era el gran inspirador de esa obra asombrosa. En esta devoción por el genial maestro Segovia, la pieza “Garden” sirve para explicar cómo se comparte mente con Lage. Es una composición simbionte, que parte del ámbito de la música andaluza y desemboca en la metempsicosis. Los trémolos aflamencados mutan en  resplandeciente finger picking  de bluegrass. Dos mundos que, sorprendentemente, no chocan. Muy al contrario, “Gardens” construye un espacio de conversación feraz, un espacio que no sé si se curva, pero desde luego se ensancha. Así de tocadas se quedan las cabezas con Julian Lage.

 

En cada tema de “World´s Fair” hay mundos muy distintos, mundos que no colisionan, que se entienden y expanden. Un juego virtuoso, que te lleva a la dimensión por conocer de la delicadeza. Hay piezas que se ensamblan dentro de otras con las huellas de varios géneros musicales guiándonos hacia la serenidad de una mente musicalmente prodigiosa y benefactora. Lo clásico, el folk, el country o el blues circulan por todo el repertorio con un velado espíritu del jazz. Ese vuelo tiene Julian Lage tiene coordenadas propias. No lo dejen escapar. Namasté.

 

 


Makaya McCraven

 



No es revelación de secretos contar que Makaya McCraven es un batería excepcionalísimo, inaudito  a corta distancia.  Sus conciertos tienen el suspense de la intención del momento. Esa explosión de intensidad es difícil registrarla en disco. El ambiente en directo es un flujo fundamental en la construcción de la música. Tan importante es el ambiente que Makaya, entre pieza y pieza, se pone en píe, agarra el micro y larga  speeches a modo de entrenador personal de sus músicos, de sí mismo y del equipo que forman todos los presentes en la sala.  En directo su excelente música revienta para bien por todas las costuras, porque el trance tiene esa peculiaridad: te altera la conciencia como si te estuvieran hipnotizando y sacando de quicio sin que te des cuenta.  

 

El propio Makaya se define a sí mismo como un científico del ritmo. Un científico que convierte su cuerpo en una máquina de hacer música atlética. La mentalidad es la de un creador del siglo XXI, que asume la tradición del jazz y sus vanguardias al tiempo que sintoniza con las músicas improvisadas en otras latitudes. Sus padres, el baterista de jazz Stephen McCraven y la cantante folk húngara Agnes Zsigmondi, le iniciaron en la música desde chiquitín.

 

Macaya nació en París y al llegar de jovencito a Masachussets tuvo  como consejeros áulicos nada menos que a dos eminencias jazzísticas furiosamente incontestables: Archie Shepp y Yusef Lateef. De ahí salió un gusto por asimilar las tradiciones musicales decididamente glotón.

 

Desde el disco “In the moment” (2015)   Macaya McCraven gobierna como un titán con su batería y una música radical y en primera persona. Te captura con un paroxismo ascendente. Los procesos electroquímicos con los otros componentes del sofisticado grupo -Marquis Hill, trompeta; Junius Paul, bajo; y Matt Gold, guitarra- descorchan  el carácter isotónico de la poción. Está tan seguro de sí mismo Makaya,  de su capacidad de transmisión, que finalizó el concierto con una nana húngara aprendida de su madre Agnes: “Lullaby”. Pueden localizarla en el disco “In These Times” (2022). El alma se serena después de la tormenta.

  


 

Tres noches con tres propuestas musicales  muy diferentes decidieron acabar de la misma manera: tocando “Spain”, esa pieza estrella de Chick Corea que en su origen tenía brisa brasileña. Los  del azar concurrente “spaindiferentista” fueron Hiromi, Gonzalo Rubalcaba & Hamilton de Holanda y Al Di Meola. 
 

Hiromi Uehara

 


 

La pianista japonesa Hiromi Uehara -espectacular exégeta de Chick Corea- perpetúa en su música desde hace más de dos décadas una inagotable agilidad juvenil. Lo más sustancioso de Hiromi está en su piano de cola. Cuando los temas optan por la fusión o el funky-jazz-rock, la respuesta positiva del público está garantizada, también justificada. Hizo en Madrid algunos temas del álbum “Sonicwonderland” (2023) y del último   “Out There” (2025), incluidos los cuatro movimientos de su suite central. Con ese aire desenfadado de chica escapada de un comic manga, Hiromi empuja su jazz para mayores y chiquititos.

 


 

Gonzalo Rubalcaba y Hamilton De Holanda

 


 

Puestos a ser vistosos e hiper diestros en el manejo de sus instrumentos, los que mejor enredaron fueron el pianista cubano Gonzalo Rubalcaba y el bandolinista brasileño Hamilton De Holanda. Brillante y vibrante, la propuesta de estos dos portentosos instrumentistas ha quedado bien plasmada en su disco “Collab” (2024). Al igual que en esa grabación, el concierto comenzó con “Incompatibilidade de Gênios”, un tema estrella que demuestra lo contrario de lo que afirma su título.

 

Gonzalo y Hamilton han establecido una entente que guarda evidentes similitudes con lo que vienen haciendo desde hace un cuarto de siglo Michel Camilo y Tomatito. Y yendo mucho más atrás, recuerdo gestas formidables a cuatro manos que quizá hayan caído en el olvido. Allá en 1962, Bill Evans y Jim Hall se hermanaron en  el encuentro jazzístico entre piano y guitarra a solas. Y mirando más cerca geográficamente y con perfil catalán, algo remoto en suelo patrio. En 1973, el pianista Jordi Sabatés y el guitarrista Toti Soler grabaron un fabuloso disco que titularon con sus nombres propios: “Jordi Sabates i Toti Soler”. Piano de cola y guitarra flamenca trashumante.

 

Ni que decir tiene que el público disfrutó a rabiar con los rítmicos malabarismos de Rubalcaba y De Holanda. Sonaron las composiciones propias de su álbum y hubo notabilísimas versiones. Antes de culminar con el duelo “Spain” sonaron con fuerza tres versiones admirables “Caravan” (Juan Tizol y Duke Ellington), “Bésame mucho” (Consuelo Velázquez) y  "Don't You Worry 'bout a Thing" (Stevie Wonder). Después de dos solicitadísimos bises, las cortinas se cerraron para que el público comprendiera que nada es eterno.

 



 

 Al DiMeola Acustic Trio

 


 

Al DiMeola siempre me ha parecido sobrevalorado. Sus conciertos, en diferentes dosis o sobredosis, tienen esa cosa afiligranada y exhibicionista que me distancia. Con apenas 20 años, en 1974, la guitarra eléctrica de Al DiMeola saltó a la fama sustituyendo al guitarrista Bill Connors en el estelar grupo de fusión Return To Forever, que capitaneaba Chick Corea. Con la guitarra acústica, DiMeola sustituyó a Larry Coryell en el mítico trío con Paco de Lucía y John McLaughlin. A Madrid vino Al en compañía del guitarrista  italiano Peo Alfonsi y del percusionista español  Sergio Martínez.

 

El repertorio escoró especialmente hacia las piezas del último disco “Twentyfour” (2024). Una noche antes, Hiromi había recreado a los Beatles con la canción “Blackbird” y en la jornada siguiente Al DiMeola fue por esa vereda recreando por partida doble: “In My Life” unida a “Because”. Astor Piazzolla fue visitado con gusto. Y para la traca final con el inevitable “Spain” y la insigne “Mediterranean Sundance”, el guitarrista estadounidense contó con la soberbia guitarra flamenca de Antonio Rey. El público aplaudió con ansia.

 



Jazzmeia Horn

 


 

La magnífica cantante Jazzmeia Horn cometió un error incomprensible. A los discursos que daba para introducir cada canción se sumó la cumplida traducción que hizo su pianista Santiago Vásquez Viñas. Fue un concierto interruptus que te paraba y sacaba de la concentración en la música. El jazz, como cualquier otra buena música, también es un clima: no es buena idea romperlo. Jazzmeia  explicó que su abuelo -un señor muy estricto-  solía contarle historias ridículas y reprodujo una poco interesante. El que a lo suyo se parece… También habló de sus conversaciones de madre soltera con sus dos niñas.

 

Jazzmeia Horn nació en Dallas (Texas) en 1991. El reluciente nombre de pila  se lo puso su abuela, que era pianista de gospel. Por cuestiones religiosas de familia, la abuela no pudo dedicarse profesionalmente a lo que le gustaba: el jazz. Con una formación musical excelente desde la infancia, Jazzmeia Horn destaca por el uso rico y original del skat. Son  improvisaciones onomatopéyicas, que borbotean dentro de las canciones que ella misma compone.

 

En Madrid hizo mayormente los temas de su cuarto disco “Messages”. Es una mujer simpática y muy comunicativa: su música también es así. Pese a la imprevisible mecánica corta rollos del concierto, yo llevo su canción “Happy Living” en el tono de llamada de mi teléfono. Fue la  segunda pieza que interpretó esta noche, la que más me gustó. Viste la cantante texana con gracia y colorín. Túnica de princesa africana y un  tocado cónico en la cabeza de corte renacentista, como los que alguna vez llevaron Nina Simone y Miriam Makeba. Música estupenda que acabó con la bossa nova “How insensitive”,  sensual y delicada canción de desamor que compusieron Vinicius de Moraes y Antonio Carlos Jobim a partir de un preludio de Chopin. Originalmente se llamó “Insensatez”.

 

 


 

Avishai Cohen Quintet




Jazz de cocción lenta el de Avishai Cohen Quintet. Jazz elegante, denso y atrapador. No sabes si eres tú quién entra en la música de Avishai o si ese jazz altamente sugestivo  entra en tu interior sin pedir permiso. La mayor parte del tiempo estás en modo cabeza flotante, con el cuerpo desleído en un jarabe tónico. En el contrabajo de Avishai y sus alrededores palpita un profundo élan vital. Jazz que trasciende el mecanicismo de los géneros musicales. Avishai compartió su impulso creativo con el trombonista Yonatan Voltzok, el saxofonista Yuval Drabkin, el pianista Itay Simhovich y el baterista Roni Kaspi. Todos del mismo paisanaje. Sorprendentemente,  el principal sabor en escena venía de la cocina de Nueva Orleáns.

 

Avishai Cohen (Israel, 1970) construye zonas del espacio en las que perderte para poder encontrarte. Grandes paralelos del jazz y  eje gravitacional en la clásica. En su intersección hay  hueco para las músicas mediterráneas y los cantos sefardíes, esas preciosidades que hicieron  músicos españoles cuando una España cerril les tiró encima a la Inquisición. Barrotes, grilletes, tormentos y expulsiones. Así  empujaron a los sefardíes  más allá del mar. Hay un sentimiento trágico en esta música que se esmera en tocar fondo desde la complejidad, la dulzura y la caricia doliente. Un blues errante, un sentimiento nuevo para curar añejas heridas.  Demasiado humano todo, demasiado cerca.  

 

Repertorio. Sonaron “Shuffle”,  “Ora”, “Float”,  “My Blues”, “Smash”... Temas de largo recorrido por los discos “Adama” (1998), “Colors” (2000), “Unity” (2001) o “”Continuo” (2006). La cuestión sefardí suele aparecer en los conciertos de Avishai con la cariñosa media luz de los tiempos remotos. Hermosísima sonó “Abre tu puerta cerrada”, cantada en  ladino susurrante por Avishai.

 

“Abre tu puerta cerrada.
que en tu balcón luz no hay
El amor a ti te vela;
partamos, Rosa,

partamos de aquí”.

 

Conocíamos la versión de nuestro enciclopedista del folklore Joaquín Díaz. Pero este arcano romance sonó en la voz del contrabajista israelí con un lirismo todavía más tierno y fantasmal. Despidió Avishai Cohen con “Remembering”, un tema circular del disco “At Home” (2004). Una obsesión sensible y regalada que vuelve sobre sí misma en un tiempo circular por que el trota un contrabajo errante. Un debate a las manos entre Mingus y Pastorius. Y entre los dos, su esmerado guardia de corps: el árbitro Avishai Cohen.

 


 

 

 

 


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