Tromba de arte, Suma Flamenca 2025 (1)

Ángeles Toledano



 

“Solo nos queda gritar
Donde hay una mente sorda
Es mu' difícil escuchar”

Ángeles Toledano

 

Suma Flamenca 2025 nos ha traído una tromba de arte. No pudo empezar mejor. La joven cantaora Ángeles Toledano regaló una delicia de concierto presentado su jugoso, enjundioso y vitalista disco “Sangre sucia”. Con blanco atavío, romántico corpiño y falda de volantes, Ángeles aparece encaramada a una tarima rodeada por un polígono de luces fluorescentes. Comenzó con un monólogo acerca de su propia identidad como cantaora. Dijo que descubrió la música  en general y el flamenco en particular en casa de su abuela. Lo primero que recuerda es a la niña María Isabel cantando “Antes muerta que sencilla”. Pudo salir cantando eso, pero -dice no saber bien por qué-  eligió cantar flamenco. 

 

Fue un concierto cercano, admirable, tierno e impactante. Días antes, en la mesa redonda “Flamenco y Vanguardia”,  la jienense de Villanueva de la Reina avanzó que además de sus dos amigas Belén Vega y Sara Corea en los coros y las palmas, vendría a Madrid con sus otras amigas. Y eso hizo, mediado el concierto salieron sus amigas. La sal de la tierra  haciendo el corro y cantando a coro. Todo lo que hace Ángeles Toledano en escena brota con  una naturalidad confortable, ya sea poner una grabación con la voz de su abuela celebrando este concierto o manejando con la mano derecha la máquina que le mete sangre tecno a un flamenco generacional con sello propio. Acompañaban también -indispensable para este proyecto- el guitarrista y compositor Benito Bernal y el baterista Manu Masaedo. Me quedé flotando entre sonrisas mientras me calaba con el arranque “Araora”,  los jaleos “Mamá, tenías razón”, las alegrías “XLas Niñas”, la solea, la seguiriya, la taranta y la bulería. Me descubro ante tanto talento. 

                         Pablo Lorente / Suma Flamenca 2025

 Dorantes


Flamenco barroco. El pianista Dorantes se presentó en los teatros del Canal con clavecín y todo para hacer su espectáculo “Scarlattianas”. El napolitano Giuseppe Domenico Scarlatti, formando parte del cortejo de la princesa portuguesa Bárbara de Braganza, llegó a a Sevilla en 1719. Allí se empapó Scarlatti de la música andaluza. El músico barroco viajó mucho hasta que en 1733 se instaló en Madrid, ciudad en la que trabajó mucho y murió. Aquí compuso sus 555 sonatas. Todo eso se lo echó al hombro Dorantes junto con su propio acervo familar en el flamenco. Dorantes es un gran pianista y un músico de inspiración sensata. Salió con buena fortuna de la aventura, sin problemas para pasar del ilustrado clavicémbalo al brillante piano eléctrico. 

 


                                       Dorantes en la Bienal de Flamenco de Sevilla

 

Sandra Carrasco 


Foto Paco Manzano

Al día siguiente hubo ración doble de arte noble: Sandra Carrasco en la Cuesta Moyano y Olga Pericet en los Teatros del Canal. 

Sublime el flamenco de Sandra dentro de una caseta de los libreros con la guitarra de David de Arahal y las palmas de los Mellis. Flamenco profundo y de altura, que empezó con la lectura de los versos de Juan Ramón  fabulando su propia muerte:

“Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando.
Y se quedará mi huerto con su verde árbol,
y con su pozo blanco”.

 

Dijo Sandra que seguiría con los versos del poeta, comunista hasta su muerte, Rafael Alberti. Y sonaron las alegrías de la paloma que se equivocaba. Tomaron el relevo las cantes con la poesía humanista de Antonio Machado, el humanísimo  quejío de Federico García Lorca y la copla fulgurante de Rafael de León. Hubo contexto y homenaje a los literatos. La voz consciente, maestra y soberana de Sandra Carrasco frente a una pequeña audiencia, sentada en unas pocas filas de sillas,  que quedó admirada ante el buen flamenco que salía de la caseta 30 de los libreros. Flamenco de bolsillo: la leyenda del cuarto al aire libre, en plena calle. Un espectáculo de ardiente comunicación.

 

Soy de la Cuesta

 

Olga Pericet 


Surfeando el tablón. Esa misma jornada por la noche, en la vanguardia del baile flamenco del momento, Olga Pericet y su deslumbrante espectáculo “La materia”. Acompañaban   el fantástico Juanfe Pérez al bajo, haciendo clima electrónico, junto a la guitarra flamenca de José Manuel León. En la dirección escénica y el baile invitado estuvo el elegante Daniel Abreu. Todo parte de unas tablas en suelo, tablas que Olga se echa a los brazos. La inspiración de la madera, tan consustancial al flamenco, es el alfa y omega de esta obra. Gustó a rabiar, bailando entre un laberinto de pies de micro o subiendo el listón de lo atrevido para danzar con la moldeadora faja pantalón de cuerpo entero. Un recurso a todas luces valiente. Flamenco en ropa interior. Un espectáculo fabuloso, con riesgo  en cada paso y una inventiva total. No se lo pierdan cuando llegue a su ciudad.

 

 

                          Deflamenco.com

 Sara Calero


Un espejear feminista. Baile muy vistoso en la sala Verde del Canal con el brillante espectáculo “Taberna Femme” de Sara Calero. Jugó Sara, entusiasta y con coraje,  con un corrillo de amigas bailoras y contaoras: Lucía Ruibal, Ana Arroyo y Carmen Moreno. Comienza la función con una estampa de las femmes bailaoras delante de una diana gigante. Una sátira con las señoras agarradas a grandes flechas clavadas en distintas partes de sus cuerpos.  Las muchachas  se agitan a ritmo de rock duro. Ironía con  diversas músicas populares -de las que suenan por la radio-  distintas al flamenco. Esa zozobra pop es uno de los hilvanes de esta taberna imaginaria en la que Sara Calero y compañía cuestionan la situación real de la mujer. Airadas o bromistas. Llevan vestidos chillones. Ahora la taberna es suya. Al cantaor Sergio “El Colorao” le toca vestirse de bandarra con el “ponme la mano aquí Catalina”. Oficia también El Colorao de melódico latino con el bolero “Bésame mucho”.  Bailaora y compañía reflexionan con viñetas empoderadas, descaradas. Al final, un respiro después de la soleá de  sexos confrontando. Cantan  aquella invención pacifista de Lole y Manuel: “Un cuento para mi niño”. Fantasía hippy con la bulería de la mariposa blanca. Las mujeres apretando. Una juerga necesaria.

 

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 Arcángel


Arcángel presentó el espectáculo “Cante y copla”. Dijo el cantaor onubense que su revisión se fundamentaba en las coplas que hicieron suyas  cantaores y cantaoras de fuste: Pepe Marchena, Pepe Pinto, Caracol, El Sevillano o La Paquera de Jerez y Adela la Chaqueta. Canta extraordinariamente bien Arcángel cualquiera que sea la elección de su repertorio. Y siempre se entraga con una generosidad al límite. Pero algunos espectáculos suyos tienen un concepto que juega en contra de la gran transmisión del cantaor. Hizo todo bien, con una seguiriya descomunalísima. Pero la inmersión en la copla me pareció algo forzada, que más que ampliar el horizonte artístico de Arcángel lo limitaba. Siempre esperamos del grandísimo cantaor que es Arcángel espectáculos con el riesgo y creatividad, porque como cantaor está arriba de la bola.

 

      Cumbre Flamenca de Murcia 2025. La Revista Flamenca

 

 Carles Benavent, Jorge Pardo y Tino Di Geraldo

 


Este año se celebran los 25 años del Trío, trío por antonomasia en el ámbito flamenco y de su modernidad. Todo sin ínfulas,   al cabo de la calle. Carles Benavent, Jorge Pardo y Tino Di Geraldo tienen familiar punto de monstruos tocando monstruosamente bien. Todo es chicha en los espectáculos de este trío de aristócratas en el flamenco. Son  flamencos que pueden ser unas cuantas cosas más porque tienen  vidas musicales paralelas, a veces confluyentes. Con Jorge Pardo planeando y picando con la flauta travesera, la primera parte del espectáculo sobrevoló y caracoleo con la estela del mítico álbum de Camarón “La leyenda del tiempo”. Estos tres músicos superlativos se fajan con un dominio técnico, una profundidad y un estilo inmejorables. Hacer  esa música tan intensa y desatada requiere un uso colosal del suelo pélvico, gimnasia pélvica que se contagia al respetable en una especie de transmisión biológica. Están haciendo flamenco y suena un jazz de escándalo. Ya con el saxo, Jorge le saca un partido al instrumento, que por algo  es el rey sin discusión en los predios del jazz. La conjunción rítmica de Benavent y Di Geraldo tiene una galaxia especial. Benavent canta de maravilla con su alzapúa cósmico. Y Tino Di Geraldo, con ese control y esa serenidad, con esa elegancia encantada, toca de locura, sin despeinarse y con la sonrisa puesta. A estos tres reyes de la baraja se les ve disfrutones con lo que hacen. Y el público disfruta a lo grande con ese estado de gracia triangular. Remataron con “Soy gitano”. Un apoteosis de sangre hermana.

 

                            deflamenco.com

 Andrés Barrios


De la sala Negra del Canal solo pude ver al utrerano Andrés Barrios con su piano flamenco que conoce las virtudes de la academia y la partichela. De Utrera se ha venido Andrés a vivir al castizo Chamberí, barrio madrileño que hace frontera con el mío: 4K. Va con el siglo Andrés.  Los recursos de la pianística en jazz no le son ajenos. También le tira  cantar un poquillo. Le pone animar al respetable para que tararee, por ejemplo, “La tarará” o “los cuatro muleros”. Comenzó con su composición a la cantaora tótem de su tierra: “Fernanda” (de Utrera). Cogió aire de las mareas y enlazó con “Meraki”, tema de inspiración griega. Hacia lo más jondo dejó fluir la seguiriya “Ocho caños”. Estuvo muy suelto y simpático. Cerró con “La Colombiana”, que es, como su nombre indica: una colombiana. La hora feliz en la Sala Negra del Canal.

 

Jesús Méndez y David Carpio 

 

 Flamenco en el Teatro de la Abadía.  Bajando por el Madrid de Arapiles llegamos al Teatro de la Abadía, que es un sitio de lujo, con una acústica tan soberbia que podría hacerse flamenco sin amplificación, siempre y cuando, lógicamente, no hubiera instrumentos eléctricos. En días sucesivos, la Abadía acogió el arte al natural de los cantaores jerezanos Jesús Méndez y David Carpio. 

 

El jueves, Jesús Méndez, emparentado con la Paquera de Jerez y del jerezano barrio de San Miguel, cantó con temple y firmeza. Lo que se espera de la denominación de origen. Flamenco serio, centrado en honrar la leyenda de la tierra y la urbe jerezana.

De San Miguel también, David Carpio siguió por la misma senda. Encarnar la tradición con conocimiento y coraje es su enseña. Magnífico. Los guitarristas Antonio Higuero y Manuel Valencia, acompañando respectivamente a los dos cantaores, fueron auténticos ciclotrones: aceleradores de partículas flamencas de alto rendimiento. 

Una cosa debo decir de la tradición flamenca. Algunas letras del pasado deambulan por una masculinidad  que hoy se siente desfasada. Grandes cantaores hicieron en el pasado esos cantes en el filo de lo misógino, doliéndose de la mujer mala que engaña y cosas parecidas. Hay un machucambismo (hombría se le decía) en unas cuantas letras que debería quedar para los archivos. Hoy se me hace raro seguir con eso.

 María Toledo


La pianista María Toledo, suelta como ella misma, salió en la Abadía con una larga capa negra con lunares blancos. En medio de la capa,  la estampa de Paco de Lucía tocando la guitarra. María es una flamenca sorprendente, abogada y titulada por el conservatorio. El espectáculo se llama “Dos pianos y dos palmas”. El segundo pianista fue Pablo Rubén Maldonado, maestro de toque cristalino que fue quien introdujo a María en el piano flamenco después de acabar los estudios en el conservatorio. Y las palmas salieron de las acompasadas manos de Manuel Valencia y Javier Peña. Empezó María con una nana para su niño Vicente. Y cantó unas cuantas cosas más para sus niños. Una celebración de la maternidad con todas las de la ley. Canta María con garra y su arte se derrama con naturalidad. Su piano era blanco y el de Maldonado negro. Op art. Una pareja de tiros largos en lo musical, que despliega evidente respeto mutuo frente al público. Una cosa muy andaluza esta del tono amistoso, aunque María sea de Toledo. Los dos pianos se metieron la Abadía un bolsillo.

 


 José el Marqués 


Nos fuimos a los montes de Rascafría (Sierra de Guadarrama). Siempre es gloria escuchar flamenco sin amplificación en el Monasterio de El Paular. Allí llegó el madrileño José el Marqués por las veredas de lo jondo con su violonchelo clásico. Este año ha estrenado el disco “Los cantes del Marqués” con ese violonchelo ocupándolo todo sin compañía, en plan monje asceta. Lo primero en sonar fue una bellísima adaptación de “El corrido de las monjas”, de José el Negro, cantaor entrañable del Puerto de Santamaría. El arco y las cuerdas de José enlazaron ese tesoro con una petenera. Y luego la exquisitez tomo las formas del garrotín, minera, nana, guajira, farruca, fandangos y alegrías. La propina vino por seguiriyas. Ensanchar el flamenco violonchelo en mano es una misión cercana a las alturas. Alabado sea el Marqués.

 

                   José el Marques en el Festival de Cante de las Minas de La Unión.

 

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